¿Ya hablaste con Dios?

César Chajón

Predicador en la iglesia local de Braga, Pt.

¿Ya hablaste hoy con Dios?

Cada día nos levantamos con muchas conversaciones pendientes: mensajes por responder, llamadas que hacer, reuniones que atender… pero hay una pregunta que debería ser la primera de la mañana: ¿ya hablaste hoy con Dios?

Orar no es una rutina religiosa, sino una relación viva con nuestro Padre celestial. La oración no cambia solo las circunstancias, también nos cambia a nosotros. Cuando hablamos con Dios, el alma se renueva, el corazón se aligera y la fe se fortalece.

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”
(Jeremías 33.3)

La oración es una charla con Dios.

A veces pensamos que orar debe ser algo complicado o lleno de palabras perfectas, pero la realidad es que orar es hablar con Dios como un hijo habla con su Padre.

Jesús nos enseñó a decir “Padre nuestro”, recordándonos que la oración es cercana, sincera y personal.

En esos momentos de conversación, podemos abrir nuestro corazón, contarle nuestras alegrías, miedos y anhelos. Él no solo escucha nuestras palabras, sino también lo que sentimos.

“Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.”
(Mateo 6:6)

La oración es el lugar donde se construye una amistad eterna con Dios.

La oración es nuestra fuerza espiritual.

Así como el cuerpo necesita alimento diario, el alma necesita oración. Es el oxígeno espiritual que mantiene viva nuestra fe.
Cuando oramos, el Espíritu Santo nos renueva; cuando doblamos las rodillas, encontramos fuerzas que no sabíamos que teníamos.

A través de la oración, Dios nos da dirección en la confusión, paz en la tormenta y esperanza en medio del dolor. Recordemos el mensaje de Santiago a los hermanos que están tendiendo dificultades y que necesitan sabiduría para salir adelante:

“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.”

No hay muro tan alto ni noche tan oscura que la oración no pueda atravesar. En los momentos donde ya no podemos más, la oración nos conecta con Aquel que todo lo puede.

Dios nos puede y quiere ayudar, pero nosotros tenemos que pedir la ayuda.

Un día dejaremos de orar porque estaremos con Dios

La oración es el puente que nos une con el Padre, pero llegará el día glorioso en que no necesitaremos orar más, porque estaremos cara a cara con el Señor.
Hoy oramos con fe, pero entonces viviremos en Su presencia. Hoy hablamos por medio del Espíritu, pero entonces lo veremos tal como Él es. Hoy necesitamos cerrar nuestros ojos para sentirnos más cerca de él, pero entonces estaremos cara a cara con Él y le veremos, y le adoraremos. Y no necesitaremos más la oración porque estaremos eternamente con Él.

“Porque el Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes, para recibir al Señor en el aire; y así estaremos siempre con el Señor.”

1 Tesalonicenses 4:16-17

La oración nos prepara para ese encuentro. Cada conversación con Dios en la tierra es un ensayo del diálogo eterno que tendremos en el cielo.

Conclusión

La oración es el mayor privilegio del creyente. Es poder hablar con el Creador del universo y saber que Él nos escucha.
Por eso, antes de comenzar el día, detente un momento y pregúntate: ¿ya hablaste hoy con Dios?

Habla con Él, no solo cuando necesites algo, sino porque lo amas. En cada palabra sincera encontrarás consuelo, dirección y poder.
La oración no cambia a Dios, nos cambia a nosotros, y nos acerca más a Su corazón.

“Orad sin cesar.”
(1 Tesalonicenses 5:17)

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Responsable de esta reflexión

César Chajón

Predicador en la iglesia local de Braga, Portugal.

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Esta es una buena oportunidad para seguir a Cristo.

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