La iglesia de Cristo
La iglesia (La Chiesa) tomado de la iglesia de Cristo en Alessandria, Italia.
Revisado, editado y traducido al español por César Chajón.
La iglesia de Cristo enseña que el Nuevo Testamento tiene como tema central el ministerio de Jesucristo, su muerte y su resurrección para el perdón de los pecados de la humanidad; aquellos que comprenden su misión y desean adherirse a ella con fe se convierten al Señor, se convierten en cristianos y se unen para formar su Iglesia.
La palabra «Iglesia» proviene del griego ekklesìa y significa simplemente «asamblea, reunión». La Iglesia de Cristo es, por lo tanto, el conjunto de personas que, habiendo decidido vivir su vida como discípulos de Jesús y confiando en su promesa de vida eterna, se ayudan mutuamente para alcanzar juntos la meta. A la iglesia se le conoce también como familia de Dios.
La dimensión de la Iglesia de Cristo es local, «a medida del hombre»; en cada localidad, todos aquellos que desean poner en práctica las enseñanzas de Jesús se organizan como lo haría una familia. Esto no niega que se pueda hablar de «Iglesia» en un sentido universal; el conjunto de cristianos de todos los tiempos y lugares, pero esto no autoriza a constituir organizaciones mundiales que nada tienen que ver con la pureza de la Iglesia concebida por Jesús.
«Secta» para los hombres,»iglesia» para Dios.
Por otra parte, no olvidemos que las primeras comunidades cristianas eran a menudo definidas como una «secta» por los seguidores de otras religiones de la época: (Hechos 24:5-14 y 28:22). Sin embargo, los Apóstoles no compartían esa opinión. Para ellos, lo que el mundo llamaba «secta» era, en realidad la iglesia verdadera o «El cuerpo de Cristo» (Colosenses 1:24), es decir, la manifestación humana, a través de sus discípulos, del amor y de la verdad de Cristo. Dios vive en aquellos que lo conocen, lo aman y le obedecen. Y su función en el mundo consistía en: «…manifestar la multiforme sabiduría de Dios, según el eterno propósito que realizó en Cristo Jesús nuestro Señor…» (Efesios 3:10).
¡Qué gran diferencia hay, pues, entre la idea del pueblo común y la de aquellos que habían fundado esa «secta» con sangre, amor y verdad! Tanto contra Jesús como contra los primeros cristianos se buscaron a menudo, en repetidas ocasiones, motivos de acusación para desacreditar su realidad.
«La mayoría», las «sectas», la «verdad», «mi pastor dice que…»
La verdad no siempre está con la mayoría; ¡no olvidemos que fue justamente la mayoría de la gente la que hizo crucificar a Cristo! La verdad no se mide por números, ni por tradiciones pasadas, sino únicamente por la adhesión o no a la Palabra de Dios. Jesús solía recordar a los hombres que en tiempos de Noé, cuando Dios incitó a la humanidad a salvarse, solo ocho personas quisieron escuchar el consejo divino (entrar en el arca), mientras que todos los demás se dieron cuenta demasiado tarde de que estaban equivocados.
La iglesia de cristo predica lo que Jesús nos enseñó: amar incluso a nuestros enemigos, por lo tanto, tratemos de vivir como simples cristianos, predicando el Evangelio a la gente para la salvación del alma.
Esta reflexión fue tomada y traducida de la iglesia de Cristo en Alessandria, Italia.